lunes, 6 de julio de 2015

Furia

Salí muy temprano esa mañana; no tenía nada que hacer en la casa, tan solo quería salir. Me desperté, al contrario de otras veces temprano, a la par del sol. Por ello, tenía todo el día por delante, libre y sin saber que hacer.

De pronto, mientras caminaba, se me atravesó un pequeño niño, cayendo de sorpresa a pocos centímetros de donde daría mi próximo paso. Para no pisarlo, tuve que hacer una acrobacia increíble, cayendo al suelo, con una carpeta que traía en mi mano izquierda, maleándose mis pies.

De inmediato reincorporé la mirada y me vi en el suelo tirado, con mi carpeta destrozada y los papeles que contenía dentro de un charco lodoso de la calle. Me levanté en el acto y corrí a recoger los papeles del charco; los tomé en mis manos, pero ya no eran más que tortuosas natas de lodo.

¡El trabajo de mi vida, destrozado! Veía frenéticamente aquellos papeles mojados y sucios, escurriendo aguas negras por mis manos, mientras de reojo, veía como el niño causante de esta desgracia brincaba desinhibidamente entre la banqueta y la calle.

Un sentimiento de furia invadió mi cuerpo, mi sangre circulaba cada vez más deprisa y mi mirada se empañaba progresivamente, mientras intentaba mover mis piernas para perseguir a ese desgraciado remedo de pollino. Había destrozado el trabajo literario de más de quince años, del cual nunca había sacado reproducciones.

Caminé lentamente hacia el niño, viendo a mi alrededor, fijándome que no hubiera nadie. En mi mano izquierda sostenía aún aquella masa de papeles y en la derecha concentraba, se-gun-do a se-gun-do, la furia del momento. Entonces el niño volteó y me vio a los ojos:

-¿Se lastimó, señor?- preguntó el niño, tiernamente.
-No, no mucho- le contesté, mientras mi furia, al ver la tierna cara mugrosa del niño, se desvanecía y se convertía en una tierna sonrisa.

El niño se volteó y volvió a caminar, cuando, de pronto, la furia volvió a tomar por asalto mi corazón y en cuestión de segundo, tomé, con todas las fuerzas que tenía, por el cuello al niño.

El niño quiso gritar, mas mi fuerza era tal que le corté totalmente la respiración. Lo levanté, tomándolo solo del cuello; mi pulgar presionaba fuertemente su garganta, mientras el resto de mis dedos se clavaban, con furia indomable, en su cuello, brotando ligeramente algunas gotas de sangre.

Entonces tomé con la otra mano la espalda del niño, levanté su playera y ayudándome con las uñas, le entere los dedos; tomé con ellos su columna y con un movimiento violento, la trocé, llevándome dos de sus vertebras. El niño tan solo pataleaba, pues poco a poco su cara comenzaba a amoratarse a causa de la falta de aire.

Dejó de patalear y su cara cambió, brotando de sus ojos pequeñas lágrimas. Me conmoví por la escena y no quise verlo sufrir mas, por lo cual desenvainé mi cuchillo, lo posé en su cuello y corté, de un solo tajo, su cabeza.

De inmediato brotaron de su cuello borbotones de sangre a gran presión. Su cuerpo cayó, batiéndose en el suelo en aquel hemático charco. Yo, mientras tanto, sostenía su cabeza, sin que mi furia cediese aun.

Entonces, aun buscando venganza, desprendí, centímetro a centímetro, su cara con mis dientes, chorreándome por la barbilla la aún caliente sangre del niño. Después, tomando su cráneo entre las manos, lo lancé con todas mis fuerzas contra un poste de alumbrado, volando en mil pedazos; se esparció el cerebro por todo el lugar, quedando embarrado cual betún de pastel.

Estaba satisfecho, mi coraje había salido, estaba tranquilo. Había hecho un muy buen trabajo, pero quería dar rienda suelta a mi imaginación, pues no deseaba que esto fuera en balde. Por ello, cogí el cuerpo ya inerte del infante, lo desvestí, introduje algunas de sus ropas por el esófago, mientras con mi cuchillo cortaba su cuerpo, haciendo lindas figuras a lo largo de él.

Ya cansado y preocupado, pues ya casi comenzaba a salir la gente, le practiqué una incisión en sus genitales, colgándolo de ésta en un escalón de varilla de uno de los postes de madera. Abandoné entonces el lugar, recordando en ese momento, mientras daba la vuelta a la esquina, que Manuel, mi mejor amigo, había pasado en computadora todos mis escritos. Expiré fuerte y dije para mis adentro "Que suerte; gracias a Dios, no se perdió nada".

lunes, 14 de julio de 2014

En cuclillas

Es una noche obscura, sin luna, sin estrellas; veo al cielo esperando contemplar alguna luz, mientras termino los últimos milímetros de un amargo cigarrillo barato.

La noche es obscura, parece no haber nada alrededor; busco alguna forma de vida, alguna luz, algo que me haga saber que no estoy en completa soledad... no lo encuentro. Camino entonces rumbo a tu casa, esperando que al menos continúes con vida.

Me detengo en tu jardín y contemplo una vez mas los rosales que tanto te enojaba que los niños maltrataran, los contemplo detenidamente y corto dos rosas, de las mas grandes que pude encontrar... serian un buen detalle para ti.

Me acerco a tu puerta y me doy cuenta que no estaba cerrada, ¡qué raro, nunca has tenido un descuido así! entro a tu casa lentamente y subo sigilosamente la escalera que da a tu cuarto; al parecer nadie esta en casa ¿estarás ausente tu también?

Entro a tu cuarto y te veo dormir tranquilamente, escucho tu respiración pausada, lenta, profunda; llegan a mi mente todas aquellas veces que te veía dormir en mis brazos, pareces un ángel cuando duermes. Tomo una de las rosas que corte y la entretejo con tu cabello, te robo un sutil beso que parece que correspondes y me aparto para contemplarte una vez mas, para tenerte siempre presente en mi mente.

A un lado de tu cama, veo de reojo tu ropa, la ropa que llevabas un día antes en la plaza, ese atuendo que hace que hombres y mujeres te volteen a verte por igual. Lo tomo entre mis manos, aun huele a ti; ¿como me vería con ella?

Me comienzo a desvestir lentamente mientras te contemplo dormir sin sospechar nada, recordando cuando nuestros cuerpos se rozaban piel con piel, cuando sentía tu corazón a galope bajo mi cuerpo. ¡Somos de la misma talla! me doy cuenta con admiración cuando me veo dentro de esas prendas robadas y el reflejo del espejo me devuelve la imagen de que no eres tu, que jamas serás tu.

No puedo soportar el ya no poder estar a tu lado, que me hallas dejado, no soporto que un día pueda verte en los brazos de otra persona, no lo puedo permitir. Con el corazón lleno de dolor, tomo las tijeras que reposan en tu peinador, me acerco sigilosamente a ti, levanto levemente tu cabeza y sin esperar tu respuesta, hundo de un solo golpe ambas hojas de las tijeras en tu nuca.

Me alejo y te contemplo; tienes los ojos abiertos por completo y una ahogada palabra en la garganta, creo que te diste cuenta que fui yo; desfilo enfrente de tu fría mirada con tu atuendo del día, presumiendolo, haciendo que por ultima vez me admires.

Tu cama se ha inundado de sangre, que malo que no puedas contemplar ese bello contraste de tu blanca piel sobre el fondo rojo de tu cama... te hubiese gustado, tu que tanto te enorgullecías de la blancura de ese perfecto cuerpo que tenias de empaque.

Veo fijamente tu cuerpo, tu escultural cuerpo, ahora inmóvil, no puedo creer que ya no pueda volver a tocarlo, a saborearlo, a poseerlo, no puedo permitir que sea otra persona la que te tenga, no puedo permitir el perderte.

Bajando por las escaleras, me doy cuenta que estamos solos en la casa; camino a la cocina y tomé de entre los cajones el cuchillo con mas filo que encontré.

Al regresar contigo, te veo aun inerte en la cama, aun con tus ojos abiertos de par en par, tu piel pálida, sin emitir sonidos; me acerco de nuevo a ti y saboreo por ultima ocasión tu cuerpo, hurgando con mi boca y lengua hasta el mas recóndito espacio de tu piel, todos aquellos lugares que en el pasado descubrimos. Me acerco a tu sexo y percibo un aroma dulce ¿estarías soñando conmigo? creo que eso ya no lo sabré.

No me puedo permitir dejarte ahí, quien sabe que hagan con tu cuerpo los pervertidos a los que sueles llamar familia, quizá te exhiban en una caja de lamina y cristal para luego alejarte de mi para siempre al depositarte en un frío hoyo de la tierra, eso no lo puedo permitir.

Me desnudo por completo nuevamente frente a ti, bailando como sé que te gusta, tomo el cuchillo y delicadamente comienzo a cortar tu piel por el lado izquierdo, únicamente por el lado izquierdo, para después, ir despegandola lentamente de tu demás cuerpo, sin romperla, sin lastimarla.

Al terminar veo esa funda de ti, esa dulce piel blanca que tanto amaba, pero ahora esta vacía.

Me acerco a tu cuerpo y por debajo de las costillas me abro paso entre músculos, viseras y otra sarta de cosas viscosas mas y llego a tu corazón, con ambas manos, lo arranco de su sitio, lo veo, rojo, fresco, hermoso, no puedo hacer otra cosa que comerlo entero, saborearlo... ahora tu piel no estará vacía.

Me calzo tu piel... me queda a la perfección, somos de la misma talla. Tomo una de las rosas y la entretejo nuevamente en tu cabello, la otra la deposito en donde estaba tu corazón; me visto, ya no importa si era tu ropa o la mía, ya somos la misma persona.

lunes, 14 de abril de 2014

¿El tras patio de lo permitido?

¿Qué pasa cuando la Furia de la frustración nos atormenta la mente?

¿Qué pasa cuando el sentimiento de odio es inherente a nuestra existencia como individuo y dudamos que lo sea como especie?

¿Qué hacer cuando el coraje, el odio, la frustración y las ganas de venganza nublan nuestra vista, nuestro entendimiento? ¿A donde mandar esos pensamientos para que nos dejen vivir en paz?

Existen muchas teorías, alternativas, desde el lado de la psicología, del psicoanálisis, de la filosofía, de la religión, etcétera; todas encaminadas a dar una salida "aceptable" a esos pensamientos que atormentan al ser.

En el año 2003 vio la luz un breve cuento denominado "Furia" el cual, en su tiempo fue uno de las escasas narraciones que describen paso a paso un asesinato con tortura y franco sadismo; lo espectacular a nivel inmediato de ese cuento fue que toma como victima a un ser protegido en la cultura popular desde hace ya mucho tiempo: los niños"

A este cuento siguieron una basta colección de narraciones mas, las cuales, nunca vieron la luz y quizá no contaban con la misma saña de primero, versaban sobre el mismo tema: La descripción pormenorizada de un asesinato con tortura, en donde el asesino salia libre, limpio y ante todo, mostrando al lector que quizá el era la victima y no el cadáver que ahora yacía inerte en alguna parte.

Quizá uno de los golpes mas fuertes al psiquismo de los lectores que tuvo este tipo de relatos era que estaban escritos en primera persona, por lo cual era el lector el que cortaba, se burlaba y asesinaba, logrando una identificación en veces muy inconsciente y en otras muy consciente de esa pulsión de agresión convertida en violencia que narran los escritos.

A poco mas de diez años de escrito ese cuento, y a manera de homenaje a esas narraciones primitivas perdidas en la intangibilidad de los MB de una computadora antigua, hago ahora "El tras patio de lo permitido" un blog en el cual se escribirán, ocasionalmente, narraciones sobre ese mismo tema, a decir de los lectores de los primeros borradores, no tan fuertes como sus predecesores, pero no por ello, faltos de violencia.

"El tras patio de lo permitido" es una forma de mencionar que es mejor que ese odio y rencor quede en una inerte hoja de papel o en una ilusorio espacio virtual de Internet que en un acto, siendo en ese caso permitido odiar y dañar, pero solo en la fantasía.

Ante lo cual, creo que no hace falta aclarar que lo que los autores aquí redacten es meramente ficción, ya que nada de lo aquí escrito se trata de un crimen real.

Entren pues, "Al tras patio de lo permitido"

jueves, 27 de marzo de 2014

Te veo mañana

Estas ahí acostada, dormida entre las blancas sabanas, aun exhalando un fino vapor, una ligera nube que observo a lo lejos; el frío es abrazador, ¿será que por eso puedo ver tu respiración? te observo dormir; camino de un lado a otro de la habitación, pensando, recordando, viéndote dormir.

¿En realidad estarás dormida? me pregunto mientras continuo viéndote en la cama... no lo sé, desearía que no, me gustaría escuchar tus gritos suplicando que pare.

Tomo un cuchillo, ese cuchillo que guardas en tu buró, por el miedo de que un día pueda volver a enloquecer, me acerco a ti y pruebo una vez mas el sabor de tu vulva, de tu intimidad, mientras, con una sola mano, abro tu cuello de lado a lado, la sangre comienza a surgir y tu, no te mueves, quizá no sentiste cuando todo comenzó.

Tomo tu cabeza ya inerte, aun dormida, aquella cabeza que perdió tu cuerpo; no puedo creer que seas tu, te vez tan diferente, tan... muerta, camino hacia la sala, cargándote en mis manos, sigo sin creer que seas tu, volteo y te veo en la cama, acostada ahí, entre rojas sabanas, inmóvil.

Tomo tu cabeza y la pongo sobre la mesa de centro, se ve hermosa, solo que ahora esta pálida, sin color alguno; tomo las flores de la cocina, esas que te regale por tu aniversario y las pongo en tu boca... ahora eres un bello florero de rosas de mil colores.

Vuelvo a la habitación y te veo, estás ahí acostada, dormida entre las rojas sabanas, ya no exhalas, estas inmóvil; hacemos una vez mas el amor... creo que no te agrado como lo hice... me da igual.

Voy a tu oficina y tomo ese gran frasco de cristal que guardas sobre la cómoda, se que no te gusta que lo toque, pero creo que en esta ocasión no te importará. Vuelvo contigo a la habitación, te veo una vez mas descansando de la gran faena de hace unos minutos, aun con las piernas abiertas, como esperando mi regreso o extrañando al que se fue... no lo sé.

Tomo una vez mas el cuchillo y abro tu abdomen, escarbo entre tripas y coágulos hasta encontrar tu útero, ¡que hermoso!, lo corto de arriba a abajo; tomo el frasco, ese frasco que no me dejabas tocar y lo abro... allí descansando, nadando en ese pestilente liquido amarillento me encuentro a tu hijo, lo tomo delicadamente para no lastimarlo, beso su frente, se despelleja con tan solo tocarla... debe tener frío, hace mucho frío... es tan pequeño y esta mojado.

Me da lastima ver a tu hijo tan separado de su madre, le canto una nana, lo arropo entre mis brazos, pero entiendo que debe estar con mamá. Te volteo a ver, estas esperándolo, has abierto todo tu ser para recibirlo, para que regrese a ti; ¿quien soy yo para negarte esa satisfacción?

Tomo tu útero y deposito dentro al bebé, ¡por fin esta con su madre!

Pronto llegará tu marido, no me puede ver a tu lado, me ducho rápido, te doy un beso de despedida en la mejilla, espero tu llamada para volvernos a ver.