Estas ahí acostada, dormida entre las blancas sabanas, aun exhalando un fino vapor, una ligera nube que observo a lo lejos; el frío es abrazador, ¿será que por eso puedo ver tu respiración? te observo dormir; camino de un lado a otro de la habitación, pensando, recordando, viéndote dormir.
¿En realidad estarás dormida? me pregunto mientras continuo viéndote en la cama... no lo sé, desearía que no, me gustaría escuchar tus gritos suplicando que pare.
Tomo un cuchillo, ese cuchillo que guardas en tu buró, por el miedo de que un día pueda volver a enloquecer, me acerco a ti y pruebo una vez mas el sabor de tu vulva, de tu intimidad, mientras, con una sola mano, abro tu cuello de lado a lado, la sangre comienza a surgir y tu, no te mueves, quizá no sentiste cuando todo comenzó.
Tomo tu cabeza ya inerte, aun dormida, aquella cabeza que perdió tu cuerpo; no puedo creer que seas tu, te vez tan diferente, tan... muerta, camino hacia la sala, cargándote en mis manos, sigo sin creer que seas tu, volteo y te veo en la cama, acostada ahí, entre rojas sabanas, inmóvil.
Tomo tu cabeza y la pongo sobre la mesa de centro, se ve hermosa, solo que ahora esta pálida, sin color alguno; tomo las flores de la cocina, esas que te regale por tu aniversario y las pongo en tu boca... ahora eres un bello florero de rosas de mil colores.
Vuelvo a la habitación y te veo, estás ahí acostada, dormida entre las rojas sabanas, ya no exhalas, estas inmóvil; hacemos una vez mas el amor... creo que no te agrado como lo hice... me da igual.
Voy a tu oficina y tomo ese gran frasco de cristal que guardas sobre la cómoda, se que no te gusta que lo toque, pero creo que en esta ocasión no te importará. Vuelvo contigo a la habitación, te veo una vez mas descansando de la gran faena de hace unos minutos, aun con las piernas abiertas, como esperando mi regreso o extrañando al que se fue... no lo sé.
Tomo una vez mas el cuchillo y abro tu abdomen, escarbo entre tripas y coágulos hasta encontrar tu útero, ¡que hermoso!, lo corto de arriba a abajo; tomo el frasco, ese frasco que no me dejabas tocar y lo abro... allí descansando, nadando en ese pestilente liquido amarillento me encuentro a tu hijo, lo tomo delicadamente para no lastimarlo, beso su frente, se despelleja con tan solo tocarla... debe tener frío, hace mucho frío... es tan pequeño y esta mojado.
Me da lastima ver a tu hijo tan separado de su madre, le canto una nana, lo arropo entre mis brazos, pero entiendo que debe estar con mamá. Te volteo a ver, estas esperándolo, has abierto todo tu ser para recibirlo, para que regrese a ti; ¿quien soy yo para negarte esa satisfacción?
Tomo tu útero y deposito dentro al bebé, ¡por fin esta con su madre!
Pronto llegará tu marido, no me puede ver a tu lado, me ducho rápido, te doy un beso de despedida en la mejilla, espero tu llamada para volvernos a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario